El diamante que no fue: Roger Keith Barrett

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El seis de enero del presente año hubiera cumplido setenta años de vida, el siete de julio cumplió diez años de haber fallecido. Tocó el ukelele a los 10 años, el banjo a los 11 y guitarra a los 14. “Effervescing Elephant” fue su primera composición, para posteriormente unirse a la banda de su amigo Roger Waters, The Tea Set.

Se cuenta que, al estar en una presentación musical donde también se encontraba otra banda con el mismo nombre, se le ocurrió una nueva forma de llamar a la agrupación, agarrando los nombres de sus músicos de blues favoritos: Pink Anderson y Floyd Council, fue así como surgió “The Pink Floyd Sound”. Para 1967 firmaron su primer contrato con EMI y así “The Piper at the Gates of Dawn” fue su primer álbum, de las once canciones que incluía, él escribió ocho y co-escribió dos más. Todo un genio pero desgraciadamente, también un adicto.

Tenía problemas con las drogas, principalmente LSD, esto causó lamentables episodios con la banda dado que en ocasiones él no saldría al escenario, en otras lo haría pero sin cantar o tocar la mayoría de las veces. Constantemente olvidaba en dónde estaba o qué hacía, lagunas mentales que sufría en la cabeza, cambios de humor e incluso de personalidad llegarían de la nada.

La banda en un momento comenzó a dar conciertos sin él, consideraron mantenerlo como miembro a la hora de componer y tocar en estudio con David Gilmour como su reemplazo en vivo, idea que no sería de mucha utilidad. “A Saucerful of Secrets”, segundo álbum de Pink Floyd, fue el último en el que colaboró, tristemente, en 1968 se anunció su salida del grupo.

Su carrera en solitario tampoco fue larga, “The Madcap Laughs” fue su primer disco, “Barret” el segundo. Su antigua banda trataba de ayudarlo no a obtener el mejor sonido ni el mejor disco, querían que cantara, lo cual haría algunas veces con coherencia, otras sin sentido. Componer con él era un azar.

En las grabaciones de “Wish You Were Here”, álbum de Pink Floyd, los visitó con una apariencia distinta a como se le conocía: estaba calvo, sin cejas, con sobrepeso y distante en su comportamiento. La banda tocaba “Shine On You Crazy Diamond”, canción que hacía referencia a él. Para finales de la década de 1970, su carrera musical había llegado a su fin y poco se volvería a saber de él, por lo que decidió regresar a la casa de sus padres en Cambridge para tener una vida lejana del ojo público, los medios y los fans.

Nunca dejó de recibir regalías por su trabajo y en 1996 fue inducido al “Salón de la Fama del Rock and Roll”, pero él se enfocaba en otras cosas. Se sabe que le gustaba la jardinería y la pintura. Fue a inicios del siglo XXI cuando fue entrevistado diciendo no recordar nada de su carrera en Pink Floyd ni de sus viejos amigos.

Murió, como se escribe al inicio de este artículo, el 7 de julio de 2006, a causa del cáncer que padecía. Su vida fue trágica, resultado de sus adicciones, pero cambió, marcó la vida de muchas personas. Una corta carrera, pero una que impactó a más personas de las que se podría pensar. Su nombre era Syd Barret y fue el gaitero que brilló como el sol.

Redacción: Brandon Camacho.

Fotografía: Página oficial de Syd Barrett en Facebook.

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