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El 26 de septiembre de 2016 quedará grabado en la memoria del mundo como un día destacable en la línea del tiempo que harán en las escuelas básicas los niños de unas cuantas más generaciones. Firma del tratado de paz en Colombia, dos años de la terrible noche de Iguala, el debate más absurdo entre quienes liderarán al país más poderoso del mundo.

Vamos al principio. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia son el movimiento revolucionario más antiguo en América Latina, un ente iniciado por 48 campesinos que luchaban por erradicar el latifundio, los abusos laborales y la explotación excesiva de las reservas naturales en los campos colombianos.

Tuvieron que pasar 52 años para que el Gobierno Colombiano no los viera como un enemigo. La llamada “guerra” no era sino una discrepancia que sólo los años y el sentido de unidad pudieron limar. El día de hoy, el presidente Juan Manuel Santos y el líder de guerrilla, Rodrigo Londoño, firmarán un acuerdo de paz.

Mientras para los colombianos hoy y las semanas venideras serán días de fiesta, en América del Norte se ensombrece el panorama. México no sólo permanece en luto, carga además con el sabor amargo de una injusticia.

A dos años de la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Isidro Burgos en Ayotzinapa, Guerrero, no hay avance. A los mexicanos nos pesa ese sinsabor de una resignación que viene más a fuerza que de ganas, un tema al que se mira sin querer darle carpetazo, pero alguien más ya lo pensó en cerrar con un “In Memoriam”.

También están los que se van de puntillas. Los diarios del mundo no pueden dejar de mencionar la indignación que causa el cambio de Tomás Zerón, quien fuera director de la Agencia de Investigación Criminal principal sobre el caso y hace unos días nombrado secretario técnico del Consejo Nacional de Seguridad. Los padres de los normalistas acusan que fue una “premiación”.

Y tenemos los que, después de quebrar toda la vajilla, toman sus cosas y salen dejando al anfitrión con un portazo. La salida de Luis Videgaray de la Secretaría de Hacienda no tiene a la opinión pública contenta, es otro ejemplo de impunidad.

El principio profesional, el juramento hipocrático de los periodistas puede ser, tal vez, decir nada más que la verdad y sólo la verdad. No hace falta destacar que la verdad es siempre tan cruda y poco reconfortante que deben existir artistas para suavizarla.

¿Quién podrá suavizar las constantes imágenes de los bombardeos en Siria, el hambre y falta de sanidad entre los enfermos de Venezuela, la burla constante de los falsos políticos que contemplan la construcción de muros y de los otros que se prestan a debatirlo?

En su impreso de hoy, El Universal destaca la idea de Gabriel Guerra Castellanos sobre el debate sumbo a la presidencia de Estados Unidos: “Me temo que el debate será como ver una película de terror”. Ante el panorama internacional, ¿no será sólo una escena más?

Redacción: Alejandra Canchola.

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