Animación japonesa, un hobbie… ¿Infantil?

 

RC

Para los que nacimos después de mediados de los 80’s, fue muy común pasar algunas de nuestras tardes frente al televisor viendo “caricaturas” como Sailor Moon, Dragon Ball y Caballeros del Zodiaco. Incluso gente mayor a nosotros compartío sus infancias con Heidi, Candy Candy y Meteoro, los cuales sin duda tuvieron una gran influencia en nuestro país. Sin embargo, en años recientes, la popularidad de estos programas animados se ha disparado exponencialmente, generando reacciones diversas en las personas, algunos adoptando con gusto esta popularidad, mientras que muchos otros criticando sus temáticas y seguidores, los cuales para sorpresa de gran parte de la gente, resultan ser personas de entre 13 y 30 años, quienes han tomado como pasatiempo ver diferentes series de animación japonesa, han decidido formar convenciones e incluso disfrazarse de sus personajes favoritos.

Muchas personas utilizan como base de la crítica hacia estos fanáticos la creencia de que, al igual que la mayoría de las series animadas de occidente a las que estamos acostumbrados, la animación japonesa es un medio de entretenimiento dirigido a un público infantil, tratando temas simples, pegajosos y graciosos, pero… ¿En realidad es así?

Para poder emitir una explicación satisfactoria a esta pregunta habría que conocer un poco sobre la animación en Japón, pero primero sería importante saber… ¿Qué es la animación? ¿Cómo fue que surgió la animación moderna? La Asociación Internacional del Cine de Animación (ASIFA) define la animación como “la creación de imágenes en movimiento por medio de la utilización de diferentes clases de técnicas, con la excepción de la toma de vistas directas”. En 1912, los hermanos Fletcher, polacos, inventaron un aparato llamado Rotoscopio, que sirve para ayudar al animador a llevar a cabo dibujos precisos obtenidos de usar como referencia fotogramas de cine. Con esta tecnología fueron capaces de crear animaciones muy populares como “Betty Bop” y “Popeye el Marino”. Más tarde Disney echaría mano de esta tecnología con “Blancanieves y los Siete Enanos”, terminando de sentar las bases de las series y películas animadas, ciertamente enfocadas a un público infantil.

Sin embargo en el lejano oriente las cosas ocurrieron de un modo ligeramente diferente. Si bien la animación estuvo presente en Japón desde 1907, en la década de los 30’s se iniciaría una revolución en las películas animadas. Los japoneses observaron cómo era el proceso de animación en occidente y  adoptaron las bases dejadas por Disney y los hermanos Fletcher, para después optimizarlas, hallando la manera de utilizar menos fotogramas para hacer proyectos de bajo costo, con lo que empezaron a producir animaciones caseras. A finales de los 50’s y principios de los 60’s, con un estilo de vida en recuperación por las secuelas de la segunda guerra mundial, necesitaban una forma de entretenimiento de bajo costo que pudiese ser rentable y competitivo, ya que la economía de su nación no se encontraba como para producir filmes cinematográficos, por lo que comenzaron a producir largometrajes de temáticas diversas como “La Serpiente Blanca” (1958), basada en una antigua leyenda, y la serie animada “Astroboy” (1961) que sentaría las bases de la animación japonesa moderna.

Con esto, los japoneses continuaron su producción de películas y series animadas, con muy pocos estudios que se dedicaran a este tipo de arte, hasta que llegó la década de los 70’s, donde se adquirió un mayor interés en la industria, aumentando el número de estudios y con esto, el número de temas en los que se incursionó para las producciones. Aparecieron series que incluso en la actualidad son muy conocidas, como Mazinger Z (1972), Heidi (1974), Candy Candy (1976) y Mobile Suit Gundam (1979) que sentarían las bases de diferentes géneros no tan infantiles, populares en la animación japonesa hasta la actualidad, como el drama, romance y el género mecha.

Para la década de los 80’s en adelante, la animación japonesa había conseguido permear no sólo en Japón sino en una amplia variedad de países, y se había adoptado como un elemento de la cultura japonesa, tanto o más importante que la industria de cine del país. Series de todo tipo de argumentos y temáticas, desde infantiles hasta sexuales fueron publicadas, generando una variedad en la gente que consumía el producto final, para este momento ya no se trataba de un entretenimiento infantil, sino de un medio más por el cual los japoneses podían expresar sus ideas, tal como haríamos con nuestros cortometrajes o las grandes producciones cinematográficas de Hollywood.

Así que si alguno de ustedes tiene un pasatiempo como este, de ahora en adelante sabrá que no estás siendo seguidor de un entretenimiento infantil, sino que está conociendo una parte importante de la cultura cinematográfica de un país que considera este tipo de muestras como un orgullo, con temáticas y técnicas de animación, variadas e innovadoras. Claro está que el abuso en el tiempo invertido en este, como en cualquier otro pasatiempo, puede sin duda traer consecuencias negativas.

Redacción:
Julio Fernández de Lara

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